HIMALAYAN ADVENTURE 10/10

Martes 21 de agosto, Me voy de aquí.      

Este post lo voy a empezar desde el final. Voy a narrar mis últimos momentos en la India y por qué decidí, en contra de mi propio ego, tirar la toalla y terminar mi viaje casi 10 días antes.

Me encuentro en Delhi, devolviendo la Royal Enfield en la casa de alquiler. Mientras revisan la moto, con un detalle más propio de MotoGP que de un taller indio (ojalá las revisaran con el mismo ahínco cuando las recoges), busco como un loco en SkyScanner un vuelo para ese mismo día a “cualquier parte” que me saque del país.

“Creo que he debido batir algún tipo de récord, he recorrido las 22h de distancia (ya sabéis que en la India no sirve de nada medir las distancias en km) que separa Srinagar de Delhi en poco más de dos días… “

Todo empezó cuando al salir de Srinagar, cuando la calma de los Himalayas se convirtió de nuevo en el estrés y el caos de la India. Coches y más coches por todas partes. Gente, gente y más gente. Pitidos de claxon incesantes que se me vuelven a incrustar dentro de la cabeza. Y accidentes. Accidentes de todo tipo: atropellos de personas, de animales, choques con camiones, autobuses volcados… Hasta yo mismo acabé empotrando la Royal Enfield contra el coche de un Kamikaze que estaba dando la vuelta dentro de un túnel sin iluminación para un solo sentido; por suerte, y gracias a mis reflejos, conseguí que apenas quedara en un golpe sin consecuencias.

Mi plan era seguir hacia Jaipur y contemplar los espectaculares palacios rosas de la ciudad, bajar al Taj Mahal y deleitarme con la mayor obra realizada por amor -según dicen-, para después terminar en Varanasi y mirar a la muerte a los ojos en el rio Ganges.
-Sin embargo, nada de esto va a ser necesario.

Tras convivir (y convivir a modo literal, nada de verlas pasar desde grandes hoteles y excursiones organizadas) durante tres semanas con esta gente y haber podido comprobar la falta de humanidad con la que se tratan aquí las personas, el total y absoluto desprecio con el que tratan a las mujeres y el gran engaño al respecto de la “espiritualidad” de este país, pierdo toda ilusión y desestimo el proseguir hacia esos destinos que antes estaba ávido por descubrir.
Ahora mismo me parece más que el Taj Mahal fue una oda al narcisismo de quien lo mandó construir que cualquier cosa relacionada con el amor. Los palacios rosas, se me tornan un simple monumento como cualquier otro que haya visto antes. Respecto a la muerte, no he necesitado ir a Varanasi para poder verla por todas partes…

Mi reflexión final sobre esta aventura:

Viajar solo te da la oportunidad de recorrer el mundo aplicando todo lo que has aprendido en la vida para solucionar los problemas que te van surgiendo.

Tú tomas todas las decisiones y, por ello, tú eres el único responsable de todo.
Nadie a quien culpar, nadie en quien apoyarse, solo tú, tu moto y el camino que has elegido seguir.

Hay pros y contras -como en todas las decisiones de la vida- pero yo elegí este camino para vivir esta experiencia de libertad.
Libertad para experimentar, libertad para elegir, libertad para vivir.

Nadie va a estar ahí para motivarte en los malos momentos, debes de ser tú mismo quien te motive a seguir cuando no te quede otra opción.
No te preocupes, ese momento llegará y entonces te darás cuenta de que no necesitabas nada más, te darás cuenta de lo que eres capaz, te darás cuenta de quién eres.

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